Historia de Lemoa

Los primeros datos acerca del hombre prehistórico en Lemoa proceden de los materiales hallados en las cuevas de Atxubieta y Arlanpe. Se supone que la ocupación del pueblo por el hombre se produjo en el paleolítico Superior (entre los años 34.000 a.C. y 10.000 a. C).

Situándonos en una etapa que podemos considerar histórica, tenemos el conjunto de estelas funerarias de época romana de la Necrópolis de Elorriaga. Entre los siglos III y IX, las formas de vida eran la dedicación ganadera y la agricultura. Existía una población estable, aunque escasa que, según los historiadores, practicaba rituales precristianos.

En los terrenos del municipio se asentaron entre los siglos IX y XI varios agricultores y ganaderos que procedían de tierras alavesas.

A lo largo de la Edad Media se dio en Bizkaia un proceso de aculturación de índole mediterránea: se plantaba cereal, llegó la religión cristiana, el latín, la fijación de la población y la territorialidad.

No existe documentación municipal referente al antiguo régimen, por tanto, no se conocen los ejes de la vida comunitaria. Existieron conflictos sociales bajo-medievales, que terminaron por abolir el conjunto de las imposiciones señoriales que sufrían los campesinos. Gran parte de ellos lograron convertirse en propietarios de la tierra que trabajaban.

En el Medioevo, la Merindad de Bedia incluía la Colación de Bedia y la Anteiglesia de Lemoa. Dos elementos definían a la Anteiglesia: la existencia de una parroquia y su institucionalización pública, hecho que se logró cuando la representación de las Juntas Generales de Gernika se estructuró sobre la base de los municipios, a finales del siglo XV. Lemoa estaba regida por un merino y dos fieles, que ocupaban el voto y asiento número 64 en las Juntas Generales.

La siderurgia tradicional: En una zona donde los rendimientos agrícolas no eran muy elevados, los trabajos derivados de la industria (carboneo, transporte de vena y carbón) realizados principalmente por campesinos, suponían un salario adicional. En un principio debieron existir ferrerías "mayores" y "menores". En las primeras se fundía el mineral de hierro y en las segundas se transformaban los tochos de mineral. A mediados del siglo XVII, este proceso empieza a desaparecer integrándose en una sola instalación.

La explotación de las ferrerías era generalmente indirecta: los propietarios no intervenían en la producción, sino que percibían una renta por el alquiler de la ferrería. En Lemoa había una fragua o herrería y una casa-herrería propiedad de J. Etxebarria Arraibi.

En una economía fundamentalmente agraria la existencia de los molinos era fundamental y necesaria debido a la producción del cereal. El primer molino del que existen referencias es el molino de Atutxola que formaba parte de un conjunto troncal (casa, ferrería, heredades). Estaba ubicado junto al río Ibaizabal y, al parecer, se trataba de un molino hidráulico. Con anterioridad a este sistema debieron existir molinos de tracción humana y animal. En Lemoa existieron los molinos de Urkisabel, Txiriboketa, Rotalde, Casa Oletzea con molino y dos molinos harineros.

Durante la Edad Media se levantaron las casas-torre de Agarre, Atutxa, Atutxola y Aldape que, durante el siglo XVII, perteneció al mayorazgo de Isasi-Aldape-Usansolo; un siglo más tarde, pasó a formar parte del mayorazgo de los Barones de Areizaga.

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La iglesia de Santa María ha tenido un papel fundamental en la historia del pueblo. Podemos advertir en ella vestigios de un templo anterior románico, como los capiteles que rematan las columnas de la portada, de gran interés iconográfico por su simbolismo. En uno de los muros se encuentra una ventana, también románica. El templo fue reedificado y ampliado en 1758. El retablo pertenece a la corriente Barroca y contrasta con los austeros vestigios románicos que se conservan. Posteriormente, en 1.993, se realizó una restauración general del interior y la cubierta del edificio.

Completan el inventario de Patrimonio histórico-arquitectónico de Lemoa las construcciones citadas anteriormente, así como el calero de Pozueta; el molino de Txiriboketa, el horno de pan de Elorriaga y caseríos como el de Atxeta, ya desaparecido, el de Arrate, Insausti, Urizar de Lemorieta y Mendibil Bekoa y Mendibil Goikoa. El pajar del caserío Aristi merece también una mención especial.

En la actualidad existen cinco ermitas en el término municipal de Lemoa. Hubo una más, la de San Martín de Arraño, que desapareció en el último cuarto de siglo XVIII. Todas las ermitas, excepto la de San Ignacio, existían ya en el siglo XVII. Son la de San Pedro en Elorriaga, la de San Lorenzo en Azurreka, Santiago Apóstol en Arraño, San Antolín en Lemoatx y la de San Ignacio en el barrio del mismo nombre. Curiosamente tuvo otro emplazamiento, muy cerca del actual, junto a la carretera que conduce a la iglesia. La primitiva ermita, por su cercanía a la iglesia, hizo las funciones de parroquia durante la reconstrucción de Santa María a mediados del siglo XVIII. La ermita actual fue construida en 1965 y tiene un singular aspecto de tienda de campaña.

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La casa consistorial de Lemoa también es un edificio relativamente nuevo, a la vista del crecimiento industrial y demográfico que estaba experimentando el municipio de Lemoa durante el primer cuarto de siglo XX y la carencia de Ayuntamiento y Escuelas Nacionales. En 1924 se aceptó un proyecto para la construcción de la casa consistorial que elaboró el arquitecto Mario Camiña y las obras comenzaron en el terreno denominado Jatabe, que compró la institución municipal. La casa consistorial tiene un cierto aspecto de torre fortificada medieval; precisamente, su arquitecto tenía un interés especial en ese tipo de construcciones pero, en realidad, es un edificio de gusto ecléctico que mezcla elementos propios del neobarroco y neocántabro. El 20 de julio de 1980 sufrió un atentado y el arquitecto Fernando Galdeano llevó a cabo el proyecto de reconstrucción en 1981.

La localidad se ha visto envuelta en guerras en dos ocasiones principales, la primera de ellas durante la Guerra de la Convención. El 21 de agosto de 1794, los soldados de Lemoa salieron a defender la frontera con Gipuzkoa, ante la posibilidad de una invasión francesa a Bizkaia.

En segundo lugar, y como algunos de nuestros mayores recuerdan por haber sufrido sus consecuencias, Lemoa sufrió las consecuencias de la guerra civil entre los años 1936-1939. Durante la misma, la iglesia fue utilizada por la resistencia republicana y la localidad acogió a los refugiados de Gipuzkoa, siendo ocupada por el ejercito llamado nacional el 16 de junio de 1937, tras una enconada batalla en la zona de Lemoatx.